Despedida y Cierre
Son las seis de la tarde. Estoy en la Sala de Cortesía del Open. He entrado con un pase que me ha regalado Rick. Por 41€ te dejan entrar en una sala grande con un bar, cuartos de baño limpios, aire acondicionado, dos docenas de mesas, una terraza, unos cuantos sofás y una pantalla gigante. Dentro de media hora he quedado con Rick en el Bar de Heineken para despedirme. Creo que actúan Los Verónicas. Una banda con mucho ascendiente entre la juventud local. He dejado las maletas en el guardarropa. A las siete y media saltarán los jugadores a la pista. Y a las nueve y media vendrá a buscarme un taxi para llevarme al aeropuerto. Después de catorce días me voy a ir de Melbourne Park sin saber quien va a levantar la copa del torneo masculino de la edición de 2008 del Open de Australia. Digamos que ha sido por problemas de programación y de agenda. Si tengo suerte, me enteraré del resultado en el aeropuerto. Si no la tengo, me enteraré en Hong Kong. O en Londres. O en el peor de los casos en Madrid. Escribo estas líneas con el alma un poco encogida. Quizás porque sospecho que va a ser difícil que vuelva a ver las pistas azules. Y si volviera, porque estoy seguro de que será distinto. Después de dos semanas de darme vueltas por sus calles, Melbourne ha perdido para siempre el suave misterio y el innegable atractivo de lo desconocido.
Muchas gracias a todos los que me habeis acompañado hasta el final. Ha sido un lujo saber que estábais ahí. Conversando conmigo. Las Heineken de esta tarde van por vosotros. Y por Tsonga. Porque aunque no gane, ha sido el que ha puesto la magia, la frescura y la mejor sonrisa de este torneo. Y se lo ha merecido, ¡qué gibar!
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- Published:
- Sábado, 2 Febrero 2008 / 10:36 am
- Category:
- Australia
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