Llueve, Llueve, y Llueve
Amaneció ventoso y gris. Como sigo sin poder conectarme desde la habitación, no puedo enterarme del pronóstico del tiempo. Pero seguro que va a llover. Tengo clase de tenis a las nueve. A las diez y media, justo cuando terminamos, empieza la lluvia. No llueve mucho. Pero tiene toda la pinta de que va a ir para largo. Las pistas azules se han convertido en pistas de patinaje y solo se juega en la Rod Laver y en la Vodafone. Las únicas que tienen el techo retráctil. Dicen que el año que viene también van a techar la Margaret Court.
Después de la clase he estado en el supermercado y he comprado unas cuantas cosas para hacerme bocadillos. Salmón ahumado de tasmania, pechuga de pavo, rúcola, tomates secos en aceite –porque los frescos no tienen muy buena pinta– dos botes de mayonesa –una normal y otra mezclada con guindillas– y otro de pasta de aceitunas negras que presume de ser comida para alimentar el alma. Justo lo que necesito. También me he comprado dos mangos amarillos de North Queensland –la parte tropical de esta isla interminable. En la etiqueta dice que son un trozo del paraíso. Por lo menos lo parecen. Así es que si non è vero è ben trovato. También me compro unas anchoas, un bote de dos litros de zumo de naranja con mango, un cuchillo, unas fresas, y un cuarto de kilo de anacardos. Para contrarrestar el cloro de la piscina y acompañar a las cervezas.
Sigue lloviendo y me subo a mi sitio del gallinero de la Rod Laver a ver como Cilic le gana a González. Como seguramente no voy a ir Wimbledon, aprovecho y mientras veo al chileno enfadarse porque no puede con el croata, después del bocadillo, me como las fresas. No se puede ganar más de una vez a este juego con un solo golpe. Por excelso que sea. Cuando González engancha la bola con la derecha, la rompe. Pero su revés es tan malo que le obliga a jugar todo el tiempo demasiado desequilibrado. Cilic sólo tiene que arrasarle el revés y ganarle los puntos con una derecha paralela. Además está sacando con una precisión de cirujano. Seguid a este chico, porque tiene tenis para rato.
Llueve un poco menos y aprovecho para volver a la Piscina de Fitzroy. Me da para tres cuartos de hora de largos felices antes de que cierren. Ceno algo rápido en el cuarto del hotel y vuelvo al estadio a ver cómo Federer le gana en cinco sets a un sorprendente Tipsarevic. La barba y las gafas de diseño hacen que parezca un filósofo con raqueta. Su juego es impecable. Su manera de comportarse también. Está sacando con un setenta por ciento de primeros. Colocados y rondándole los doscientos. Aprieta a Federer con derechas y reveses planos y profundos y está obligando al suizo a sacar todo su tenis. Y la varita mágica. Pero el suizo no se arruga y termina ganando diez a ocho en el quinto.
Después de tanto lujo paso del tenis interminable y tosco de Hewitt y Baghdatis y me voy a dormir. Seguid también a Tipsarevic. O mucho me equivoco, o es otro que ha venido aquí para quedarse.
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- Published:
- Martes, 22 Enero 2008 / 11:12 am
- Category:
- Australia
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